miércoles, 22 de diciembre de 2010

Tiritas

Esta noche no quiero tonterías, sino cosas serias (sorbo de café). Quiero obviar todas las banalidades que me entran por oídos, ojos y boca cada día, las estupideces, los sinsentidos y las sinsentidas, si me apuras, y centrarme en lo grande, en mi futuro desdibujado, en lo que pierdo a cada instante.
En las caricias que nunca vuelven, y en lo efímero de mis segundos. Nada ni nadie cobra la más mínima de las relevancias en las vidas ajenas cuando se afirma rotundamente que "el tiempo lo cura todo". Es una maldita ofensa. ¿Puede la consecución de los días borrar a un ser humano, en todo su esplendor? Sus sueños, sus metas, sus debilidades. ¿Puede ser que porque ya haya pasado un año desde el jodido año pasado, y así sucesivamente, tenga yo que ordenarle a mis neuronas que dejen de procesar la cara de felicidad pura que aparecía ante mí cuando me apretaba los mofletes? O su tacto, por el amor de Dios. La textura de la yema de sus dedos de los pies entrelazándose con los míos y apretando tres veces fuertes y secas. Te-quie-ro. 
Otro asunto es superar. ¿Y qué es superar? ¿Aceptar que no volverás a sentir lo mismo? Y no, no es que debas confiar ciegamente en un sanador venidero, no. Nunca volverá nada de lo que ya has vivido, y es un hecho tan doloroso como la más cruel de las muertes. Tempus fugit, vita flumen, carpe diem y te puedo recitar cada tópico si quieres, hasta el locus amoenus que aquí no pinta nada, y quedarme tan pancha repitiendo a mis antepasados, y a los antepasados de mis antepasados, y así hasta el mismísimo Hombre de las Cavernas, y los sentimientos que cada pobre infeliz ha experimentado de forma idéntica.
Pero no. Nadie ha sentido mi opresión en el pecho ni mi llanto repentino. Nadie. Y me da exactamente igual cuantos millones de almas errantes haya en esta bola redonda, porque a nadie, maldita sea, le han apretado los mofletes de ese modo, y a nadie le han entrelazado con tres golpes secos los dedos de los pies, y nadie ha perdido lo que un día yo creí que iba a tener por siempre. A nadie se le han difuminado bodas mohicanas y paseos salvajes, a nadie. 
Me importan tres pitos las desgracias del mundo esta noche.

1 comentario:

  1. El tiempo nada cura.
    La maraña se adormece.
    Somos el devenir ciego en guerra
    somos la queja razonada
    somos pasado no tan ausente y
    presente ansiando futuro.
    Paz y pan para el camino del sabio que besa y ama en el beso y en el amor.
    Zen nocturno para crecer.

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