sábado, 11 de diciembre de 2010

Negociemos

Mi madre me decía cuando era pequeña que tenía una vena melodramática difícil de frenar. "Tú sirves para el teatro, japuta", me reprochaba. El insulto último lo obviaba, pero sé que internamente maldecía mi estampa cada vez montaba el mismo numerito, con espectadores diferentes cada día.
Básicamente la historia se repetía, me costó mucho introducir los matices necesarios para dotarlos de credibilidad a ojos ajenos. Así que yo pedía algo -una Barbie, su casa en las afueras de California o su perro de pura raza, un paquete de chicles de fresa Boomer o una camiseta de Winnie de Pooh- y cuando Progenitora Dos se negaba alegando que siempre obtenía lo que quería y que ya-estaba-bien, yo, muy serena, procedía a desabrocharme con maña el cinturón de mi silleta y a deslizarme, ágil y sabiamente, por el hueco entre el reposabrazos y el reposapompis.
De este modo acababa yaciendo sobre el frío suelo, y una vez que me encontraba con todo el cuerpo tumbado, ordenaba a mi garganta que profiriera un agudo grito lleno de compungimiento. Simultáneamente aporreaba el asfalto y me ensuciaba de arriba abajo, y los lagrimones de crocodile me daban un aspecto muy poético.
Mi madre entonces, pobrecita ella, me intentaba levantar, pero siempre he tenido fama de hercúlea, y cuando finalmente lo conseguía no era por otra cosa que por la presión que sobre ella habían ejercido los cientos de millones de miradas de reproche del populacho ante una niña tan rubia y tan cuqui que era vilmente maltratada por la estricta mujer. Ante estos afilados gestos de reprobación, me susurraba al oído "ahora te lo compro" o algo por el estilo, así que - y este es el final de mi bonita historia con la única moraleja de llevar el egoísmo y el chantaje por bandera- yo volvía a casa con mi Calipo de limón, o con mi chupeta de colorines nueva, o con una Thermomix.
El mundo solía estar en mis manos, todo era susceptible de ser adquirido.
Maravillosos noventa.

4 comentarios:

  1. Qué desastre, querer una Barbie y que te compren una Thermomix. Una historia realmente dramática.

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  2. no sé yo, ahora las Thermomix están muy bien valoradas. Puedes hasta hacer natillas! Natillas de Barbie. Mmm..

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  3. a veces no viene mal conseguirlo todo con una buena pataleta, pero los poderosos suelen ser infelices

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