Creo que un día te aburrías de estar tirado en el sofá viendo la televisión con una mano dentro del calzoncillo -nunca me explicaré por qué sentís la tremenda necesidad de notar ese calorcillo mientras veis el fútbol- y llamaste a Pandora. Oye, Pando -para los amigos-, ¿me dejas tu cajita?Y claro, la abriste, y me sacaste a mí del huracanado revoltijo de armatostes varios que salían catapultados de ahí. Me tendiste la mano, y yo no quería cogértela, para qué mentirte, pero como me acariciaste con ternura el reverso, decidí agarrarte tímidamente el meñique, confiada en la promesa implícita que aquello suponía. Entonces, tras una breve pero intensa sonrisa, tu mueca se tornó maléfica, y me retorciste la muñeca mientras, de un salto, me colocabas a tu lado.
Ansiaba echar a correr, pero me sujetabas tan fuerte que no sólo me lo prohibías, sino que acabaste reduciéndome a un enorme charco ensangrentado. Ignoraste mis súplicas y una vez que no quedó más de mí que aquel Nilo rojizo y un vago concepto con una desinencia verbal propia del pretérito - no del pluscuamperfecto, precisamente-, te convertiste en el jodido Moisés y lo cruzaste- me cruzaste- sin mancharte ni la uña del dedo gordo del pie. Saliste victorioso, lo poco que quedaba de mí se apartó caballerosamente para no implicarte en aquella masacre, y me convertí en la proeza que narrarías con la mirada soñadora del que recuerda sólo en beneficio propio mientras tomaras un café con alguna chati tratando de llevarla al catre.
Te destruiste sola, me dirías, entonces. Nunca te obligué a salir del cofre, sabías que te exponías a esto. En el fondo creo que es posible que te vaya el sado. Si no, por qué habrías de amarme a mí.
Y claro que no, por Dios y por la Virgen. Lo que hay colgado en mis paredes, junto con las cabezas de jabalíes, no son tus entrañas. Recuerda que es imposible, están trituradas en algún lugar del lejano Egipto. Son mis escrúpulos. Sólo los necesito para que sirvan como muestra a los ojos de mis allegados de mi tremenda humanidad.
Dolor sin tregua.La vida reclama presencia
ResponderEliminarDonde estas?
creo que ando en algún lugar entre el intento sobrehumano de volver a tener ganas por algo y la resignación más absoluta. Si encuentras ese sitio, pregunta por mí: soy la reina
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