Duermo, aparentemente de forma apacible. Decidí al reptar que no iba a entregarme, dudo seriamente que de algo me sirva. Coloqué el piloto automático y me dibujé unas pupilas sobre los párpados, para engañarte. Para engañarme.
Puede que me sueñes feliz, que incluso yo lo haga. La verdad es que mis amigos sólo son sombras del pasado, de uno que coloreo cada vez que mi mente se escapa. Rojo para las uñas clavadas en la carne, sin piedad en el ardor. Sepia para tus dedos tatuados sobre mis mejillas. Miel para tus ojos. Oscuro siempre tu ombligo.
Teñiste la infinidad de mis días de un tono amargo. De la mezcla imposible de describir del brillo que habíamos usado diariamente. No pintábamos con cuidado, sino con la mano abierta. Temerarios, nunca nos achicábamos ante el devenir. No necesitábamos cerrar los ojos, como yo desde que te fuiste, los manteníamos bien abiertos para experimentar las sensaciones, los sentidos alerta para comprobar nuestras texturas. Como dos exploradores en continuo movimiento.
Pero ya no.
Me di cuenta entonces de que no soy artista. No sé usar un pincel, ni sé apreciar la belleza de un buen retrato. Soy mediocre sin la mitad que me falta. Y paso las mañanas y las tardes y las noches y las madrugadas y cada ínfima parte de los agotadores segundos convenciéndome de que algún día podré despertar de verdad, sin artilugios.
Creer de nuevo en que la belleza anda rondando el mundo.
Confiar en el poder que todo lo altera.
Imaginar nuevos lienzos.
Si
ResponderEliminarsi?
ResponderEliminarHa dicho que sí, y cuando Manuel Granados dice que sí, es que sí.
ResponderEliminarTu blog tiene personalidad, pero se diluirá estupendamente si no escribes más a menudo. Acepta mi consejo, que proviene de una fuente autorizada.
Su autoridad es más que suficiente para mí!
ResponderEliminarY cree que debería interrelacionarme?
No lo sé, déjame unos minutos que lo piense.
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